Capítulo 86.
Corrí afuera esperando encontrar el caos total: gritos, humo, descontrol. Pero no.
El aire olía a tensión contenida, y eso siempre me ponía más nerviosa.
Varios lobos se transformaron justo frente a mí, su piel cediendo al pelaje en un parpadeo, listos para la batalla. Las patas se clavaban en la tierra, las mandíbulas se apretaban, y un murmullo de gruñidos bajitos llenaba el aire.
Papá y Zayn estaban más adelante, y el lobo blanco —como siempre— se movía tan tranquilo que parecía que no le pr