Capítulo 64.
Parpadeé insegura de lo que estaba viendo. Giré mi cabeza hacia él.
—Solo para confirmar— dije despacio— Es... ¿Eso?
—Tómala —ordenó con su voz grave, mientras su aliento se perdía en el aire helado—. Es tu regalo.
Ese "regalo" era una rana congelada.
Una. Maldita. Rana.
Lo miré con una ceja arqueada, sin siquiera disimular mi incredulidad.
El Lobo Blanco asintió, satisfecho, como si me acabara de entregar una joya.
Volví mi cabeza con lentitud.
—Eh… ¿gracias? —logré decir, con la rana mirándom