Capítulo 48.
El crujido de sus propios huesos fue lo primero que sintió. Era como si su cuerpo se quebrara en mil fragmentos para luego reacomodarse con una precisión cruel. Su sangre ardía, quemando cada vena, cada fibra, mientras su mente galopaba demasiado rápido, incapaz de seguir el ritmo del caos que se desataba en ella.
Y entonces… justo cuando el dulce alivio de rendirse empezó a invadirla, cuando creyó que ya no podía resistir ni un segundo más, algo cambió.
Una calidez desconocida la envolvi