Capítulo 49.
El peso me sobrepasó. La última sombra se fundió conmigo y mi cuerpo simplemente no resistió más. Caí en la negrura, sin dolor esta vez, solo con la certeza de que me estaba apagando.
Cuando abrí los ojos, ya no había río. Ya no había cueva. Ni siquiera mi propio cuerpo.
Todo era… distinto. Como un vasto espacio sin suelo ni cielo, un plano suspendido en un gris perlado que se extendía hasta el infinito. Flotaba, ligera como una pluma, y sin embargo podía sentir cada rincón de mí ardiendo co