Capítulo 132.
Nos quedamos allí tres días completos.
Tres días en los que la cueva dejó de oler asqueroso (¿por qué mierda no les gustaba bañarse a los Renegados? un misterio) y comenzó a oler a humo, carne asada y manada. Tres días en los que nos aseguramos de que ningún Renegado hubiera escapado, de que no quedaran túneles ocultos ni rastros recientes. Cuando papá finalmente decidió que era suficiente, ordenó el regreso a casa tal como habíamos hecho desde el inicio de esta cacería: peinando la zona, sin prisas innecesarias pero sin permitirnos descuidos.
Avanzábamos hacia el Norte del continente.
Quizá nos tardaríamos un mes, o un par de meses, pero era algo que no nos importaba. Preferíamos asegurarnos de que los Renegados estuvieran acabados para siempre y no volver a lidiar con ellos porque ya estaríamos lo suficientemente ocupados recogiendo los pedazos de las manadas que quedaban...
De hecho, estaríamos muy ocupados durante el siguiente año.
Durante el día corríamos a un ritmo moderado, c