Capítulo 131.
Avanzamos con cuidado, aunque la tensión ya no era la misma.
Alguno de los miembros de la manada de mi grupo decidió que el señor Ronquidos merecía un encuentro inmediato con la Gran Madre, y cuando quise mirar mejor, ya yacía inmóvil, con expresión sorprendida y una paz que no había merecido en vida.
Nos agazapamos en esa esquina de la cueva, escuchando.
Agudicé el oído, separando sonidos: el goteo lento del agua filtrándose por la roca, el roce distante de cuerpos en movimiento, risas apag