Capítulo 120.
Alderik y yo tomamos la primera guardia esa noche.
El campamento era pequeño: una fogata moribunda y un silencio pesado que parecía provenir de la tierra misma. Nos habíamos detenido en un claro rodeado de árboles retorcidos y hojas grandes que brillaban con la humedad nocturna. Zayn dormía con un brazo sobre su rostro. Papá descansaba boca arriba, pero nadie se engañaba: podía saltar a atacar con los ojos aún cerrados.
Alderik se mantuvo a un par de metros de mí, apoyado en el tronco de un árb