Capítulo 119.
Papá y Alderik regresaron a la cubierta, y solo entonces me percaté de que… oh no. Yo sola me había acabado casi todo el pez.
Me quedé mirando la espina como si pudiera regenerarse milagrosamente. Sentí una punzada de culpa. No era mi intención devorarlo así, pero la comida seguía sabiendo demasiado bien, como si mi cuerpo aún intentara compensar las dos semanas anteriores. Alderik no había comido en todo ese tiempo tampoco y yo… bueno, prácticamente había arrasado con su parte.
Quizá yo también podría cazar en el agua, ¿no? No lo había intentado nunca, pero ¿qué tan difícil podía ser atrapar algo con garras y una mandíbula que podía romper hueso?
Suspiré. A quién engañaba, no quería dejar de comer.
Le lancé una mirada esperanzada a mi hermano. Él respondió con un suspiro resignado, como quien ya conoce demasiado bien mis trucos.
—Bien —rezongó mientras se quitaba los zapatos—, pero no soy tan bueno como papá. Y que quede claro que lo hago por ti. Todavía quiero matar a ese lobo.
Asen