Capítulo 121.
El portal se abrió con un sonido agudo, casi como un suspiro que hubiese estado atrapado entre dos mundos. Más allá, la figura de mamá apareció de pie detrás de su escritorio, un montón de papeles cuidadosamente ordenados y una taza de té aún humeante a su lado. Su rostro se iluminó con una mezcla de alivio y preocupación al vernos.
Papá habló desde mi espalda.
—¿Estás lista, cariño? —le preguntó al mirarla, usando ese tono dulce que solo usaba con su familia.
Mamá dejó todo lo que tenía entre manos y le sonrió con adoración total, esa sonrisa que solo él recibía.
—¿Para acabar por fin con estas tonterías? Lo estoy. Además —añadió mientras señalaba a su izquierda — guardias de otras manadas están esperando pacientemente una oportunidad.
Papá soltó un gruñido de satisfacción, casi orgulloso.
—Bien. Convócalos y que pasen por el portal.
—Sabía que dirías eso —respondió ella, girándose hacia la puerta—. ¡Ya oyeron! Apresúrense.
Una puerta se abrió de golpe y varios aullidos resonaron, fu