Capítulo 118.
Al parecer, los machos tenían una insana tendencia a apretar hasta la muerte cuando estaban preocupados.
—Mi pastelito… —murmuró papá mientras me envolvía en un abrazo tan brutal que me sacó todo el aire de los pulmones.
Intenté respirar. Fallé miserablemente.
—Estoy… bien —logré soltar con el poco aire que me quedaba.
—No tienes que mentirme, mi pequeño durazno —susurró sin aflojar ni un milímetro—. Fueron dos largas semanas sin saber de ti. Incluso parece que no estás respirando correctamente