Alderik.
Mientras Alina devoraba con una felicidad casi infantil el pez que mi mejor amigo había conseguido para ella, Liam me tomó del antebrazo y me arrastró unos metros lejos del fuego.
Quería —no, necesitaba— escuchar todo lo que le había contado a Zayn sobre las últimas dos semanas. Se lo repetí sin omitir nada. Cada detalle. Cada herida.
Liam escuchó en silencio la historia… hasta que terminó por darme un puñetazo directo en la nariz.
Lo vi venir.
Y aun así no lo esquivé. Me lo merecía.