Rowan
El viento del norte me azotaba el rostro mientras avanzaba entre los árboles.
No estaba solo: a mi lado corrían mis hombres de confianza, los pocos que aún sabía que no habían caído bajo las artimañas de Nancy.
Pero lo más importante no era lo que veía afuera, sino lo que sentía adentro.
Anderson.
El lobo de Edward había hecho contacto la noche anterior. Breve, fugaz, apenas un rugido desgarrador que se coló en mi mente antes de desvanecerse. Pero fue suficiente para saberlo: Edward esta