Clara
El frío se me metía en los huesos como pequeñas agujas punzantes. Cada vértebra dolía, como si el tiempo me estuviera desgastando más rápido por dentro.
No sabía cuánto había pasado. ¿Minutos? ¿Horas? ¿Días? Todo era un bucle interminable en esa celda húmeda, sin ventanas, sin reloj, sin nadie que respondiera mis preguntas… ni siquiera con una mirada.
Solo silencio.
Silencio denso, absoluto, opresor.
Y el sonido…
Ese maldito sonido constante de gotas cayendo desde algún rincón del techo.