Nancy
Estaba furiosa.
No, furiosa no… Estaba desbordada. Temblaba de pura rabia, una que me recorría como un veneno silencioso y ardiente.
Nos habían echado.
A mí.
A la mujer que había soportado cada paso, cada mentira, cada humillación con la cabeza en alto, todo por llegar a esa mald¡ta casa.
Por conquistar mi lugar.
La casa de la manada debía ser mía.
Mía y de John.
Pero sobre todo mía.
¿Acaso alguien más habría logrado lo que yo logré con él?
Domarlo.
Hacer que un Beta dejara atrás su put∆