La amatista comenzó a enfriarse contra el pecho de Lena antes de que pudiera terminar de respirar.
Al principio fue apenas una vibración distinta, un pulso débil bajo sus dedos, como si el hechizo que había tejido alrededor del cristal estuviera intentando sostener una señal que se escapaba. Después el calor desapareció casi por completo y la piedra, que hasta entonces había permanecido tibia con el latido de Lucian, se volvió fría en cuestión de segundos. Lena se quedó paralizada en el pórtico