Sonja no respondió de inmediato.
El viento siguió moviendo lentamente los árboles alrededor de la mansión mientras la nieve caía sobre ambas. Lena podía escuchar a lo lejos las voces apagadas dentro de la casa, el movimiento desesperado de los hermanos Azuleja alrededor de Reyk y el crujido constante de las ramas bajo el peso del invierno.
Pero ahí afuera el mundo parecía detenido.
Sonja seguía mirando el bosque.
Quieta.
Demasiado quieta.
Y aquello solo consiguió aumentar la angustia dentro del