Lena sabía perfectamente lo que Sonja había hecho.
Y precisamente por eso el miedo seguía clavado bajo sus costillas aun después de ver a Reyk respirar normalmente otra vez.
El alivio no había durado mucho.
Ni siquiera cuando vio cómo el color regresaba lentamente al rostro del lobo o cómo la enorme herida de su pecho desaparecía como si jamás hubiese existido. Porque Lena conocía demasiado bien esa clase de magia. Había escuchado historias desde niña. Historias que las brujas más ancianas del