Darien se quedó inmóvil en medio del jardín, mirando la dirección por la que Aeryn había desaparecido entre los árboles. Su cuerpo aún ardía, su deseo rugía bajo la piel, pero su pecho… ese estaba pesado, dolido. Las palabras de ella lo habían atravesado como una garra certera, sin rabia, pero con verdad. Y eso dolía más.
Tardó varios minutos antes de ir tras ella.
No porque no quisiera, sino porque no sabía cómo acercarse sin parecer lo mismo que ella acababa de rechazar. Él, el Alfa, el que