El amanecer filtraba su luz dorada entre las cortinas de lino. El mundo estaba en silencio, Brumavelo aún dormía… pero Aeryn ya no.
Despertó con la mente más clara y el cuerpo menos tembloroso. A su lado, el lecho estaba tibio… pero vacío. El lugar que Darien había ocupado durante la noche mostraba aún las huellas de su presencia: la curva en el colchón, el aroma a bosque y fuego, el recuerdo de su mano sosteniéndola sin exigir, sin imponer.
No se había quedado a esperar respuestas.
Había re