Capitulo 43.

Sentía el calor de sus manos rodeando mis muñecas, y esa fuerza suya, tan abrumadora y firme me hacía sentir que cualquier resistencia era inútil. Nicolás no se iba a rendir; sus ojos estaban fijos en el borde de mi máscara, analizando cada milímetro de mi piel expuesta con una intensidad que me quemaba. Yo estaba temblando con el corazón golpeándome las costillas, sintiendo cómo la mancha violácea en mi pómulo latía con una intensidad que casi podía jurar que él escuchaba.

— Freya, quita las m
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