63.
El dolor en mi sien pulsaba con la fuerza de un martillo contra un yunque. Abrí los ojos lentamente, sintiendo el frío del suelo metálico contra mi mejilla. El movimiento de la furgoneta era distinto al de antes: no era el traqueteo errático de una huida, sino el rugir constante y pesado de un vehículo blindado diseñado para devorar kilómetros sin ser detenido.
La oscuridad era casi absoluta, pero a medida que mis pupilas se dilataban las sombras empezaron a cobrar formas definidas. El aire en