Capítulo 91. Persecución en Marsella.
La noche en Marsella olía a sal y a gasolina. Desde el puerto, el rumor de los barcos mezclaba su eco con el rugido lejano de motocicletas. La ciudad no dormía; las luces de neón titilaban sobre los muros pintados con grafitis, y el aire húmedo pegaba en la piel como una advertencia de tormenta.
En la habitación de un hotel discreto, Camilo repasaba por enésima vez los datos en la pantalla de su portátil. Frente a él, Renata sostenía un auricular, recibiendo instrucciones en francés atropellado