Capítulo 44. El rostro del monstruo.
El salón del Gran Debate Nacional hervía de luces, cámaras y murmullos. Álvaro Serrano, impecable en su traje azul medianoche, apenas disimulaba el sudor que le perlaba la frente. Del otro lado del atril, Antonia Rivas sostenía la mirada con una firmeza que no necesitaba maquillaje.
Las preguntas eran moderadas por una periodista veterana. La tensión crecía con cada ronda, hasta que la acusación directa cayó como un rayo:
—Señor Serrano —dijo la moderadora—, ¿cómo responde a los documentos pres