Capítulo 23. Códigos rotos.
Iván Guerrero no dormía bien desde hacía semanas. La ciudad no se lo permitía, y su conciencia mucho menos.
Desde el ventanal de su apartamento en el centro, veía cómo el tráfico nocturno parpadeaba como una herida viva. Se había quitado la camisa, pero no la pistola. Nunca lo hacía. El arma descansaba sobre la mesa, al lado de su celular y un vaso de whisky que no se había atrevido a terminar.
—Estás temblando —dijo una voz detrás de él.
La reconoció al instante.
Emilia.
No la había escuchado