Capítulo 16. El lobo bajo la piel.
Iván regresó a su apartamento esa noche con la misma expresión neutral con la que solía engañar a todos. Cerró la puerta, encendió solo una lámpara de luz cálida y se quitó la chaqueta. Sus pasos resonaron en el silencio perfecto del lugar, como si nadie más habitara allí, ni siquiera él.
Pero en realidad, él habitaba muchos lugares. Tenía múltiples licencias, dos pasaportes, tres números de identificación. Uno decía Iván Méndez. Otro, Julián León. El tercero, y el más antiguo, solo decía Pulid