Amelie se quedó boquiabierta, como si no pudiera creer lo que acababa de escuchar. Dio un paso hacia atrás, su rostro cambiando entre incredulidad y rabia.
—¿Hacer una escena? ¡No puedo creer que estés diciendo esto! —gritó, apuntando a Ariadna con el dedo—. ¡Ella está destruyendo todo lo que hemos construido juntos! Y tú solo te quedas ahí, defendiéndola como si nada.
Maximiliano dejó escapar un suspiro largo y pesado, sintiendo que la situación se le escapaba de las manos.
—Amelie, no estoy de