Maximiliano se levantó de la cama con una sensación de pesadez en el pecho. Había pasado horas dando vueltas, incapaz de apagar su mente. Todo lo que había sucedido ese día seguía atormentándolo. Amelie y su mirada llena de lágrimas, su súplica para que eligiera, y luego su partida. La presencia de Ariadna en su casa, sus palabras desafiantes y llenas de frustración, y la constante amenaza de Leonardo Valdés rondando su mente como un buitre.
Ese hombre era un buitre.
Se pasó una mano por el ros