La puerta del apartamento se cerró con un leve clic. Víctor dejó las llaves en la mesita de la entrada, se deshizo del abrigo con un suspiro y alzó la mirada hacia el pasillo en penumbra. Darcy apretaba su mano con fuerza, arrastrando una pequeña maleta de ruedas con dibujos de ositos.
Llevaban más de quince horas en movimiento, entre retrasos, escalas y un vuelo largo desde Washington. A pesar del cansancio, la niña seguía firme a su lado, con esa energía que solo los niños parecen tener a cua