Se notaba el espíritu navideño, las calles de Alicante llenas de transeúntes con bolsas y risas que resonaban entre los puestos de adornos.
Ariadna caminaba junto a Camila, su madre, el aire fresco de diciembre rozándole las mejillas mientras empujaba un carrito vacío que pronto llenarían de compras. Era una mañana tranquila sin los niños, que estaban con Maximiliano en Valtris, y habían decidido aprovechar el día para preparar la Navidad. Camila, con un abrigo gris y una bufanda roja, señaló u