Víctor parpadeó varias veces, aún procesando lo que acababa de escuchar.
—¿Trillizos? —repitió, sin apartar la mirada de Ariadna.
Su voz no sonaba temblorosa, ni llena de duda, ni con esa fragilidad que Maximiliano había esperado encontrar.
No se veía como un hombre derrotado.
Ariadna tragó saliva y asintió con un movimiento apenas perceptible.
Maximiliano cruzó los brazos, esperando que Víctor diera un paso atrás, que cediera, que se diera cuenta de que esto ya no era asunto suyo, que Ari