Ariadna se quedó unos minutos más en la cama después de que Víctor se fue, disfrutando del calor residual de las sábanas y el sabor del chocolate caliente en sus labios. Pero no podía quedarse allí todo el día.
Suspiró, se obligó a levantarse y comenzó con su rutina.
Primero, los quehaceres de la mañana.
Ordenó la cocina, organizó algunas cosas en la pequeña sala y revisó la lista del supermercado para ver qué necesitaban comprar.
Después, se sentó frente al ordenador para su curso online.