El sol apenas despuntaba en Valencia el 1 de enero, pero la casa de Camila y Ricardo ya vibraba con el recuerdo de la Nochevieja: platos sucios en la cocina, uvas aplastadas en la alfombra y Darcy durmiendo en el sofá, agotada tras su amenaza de no dejar dormir a nadie. Ariadna estaba en la cocina, removiendo un café con manos temblorosas, cuando el timbre sonó. Víctor, sentado en el salón con una taza en la mano, levantó la vista, y Camila salió disparada a abrir, su voz resonando con un “¡Ya