Ariadna estaba sentada en el sofá de la sala, el teléfono apoyado en una pila de libros mientras la pantalla mostraba a Eric y Marc riendo con gorros de reno torcidos. Maximiliano, al otro lado de la videollamada, sostenía una taza de chocolate caliente, su pareja asomándose al fondo con una sonrisa mientras decoraba un árbol. Era una escena cálida, y aunque Ariadna sintió una punzada de nostalgia al ver a sus hijos tan lejos, la felicidad en sus rostros la reconfortó.
Parecía que la estaban pa