Víctor estaba sentado en el borde de su cama, la lámpara de la mesita proyectando una luz tenue sobre las paredes blancas de su apartamento en Madrid.
Darcy llevaba un par de horas dormida, su respiración suave filtrándose desde la habitación contigua, un sonido que normalmente lo calmaba pero que esa noche apenas alcanzaba a atravesar el torbellino en su mente.
Desde que vio el mensaje de Ariadna en su teléfono, no había podido sacarla de la cabeza. "Soy Ariadna. Este es mi número", había escr