Maximiliano tenía los ojos abiertos en la oscuridad, inmóvil en la cama, mirando al techo sin realmente verlo.
No podía dormir. No podía cerrar los ojos sin que la sensación de ahogo lo consumiera. Su respiración era pesada, su mente un campo de batalla donde el miedo y la culpa se enredaban como serpientes.
Finalmente, se levantó de la cama con brusquedad. Necesitaba hacer algo. Cualquier cosa que lo ayudara a no enloquecer con sus propios pensamientos. Salió del dormitorio en silencio y cami