Capítulo 4
Me quedo mirando el teléfono apagado, con el corazón latiendo como si hubiera corrido una maratón. ¿Cómo sabe Leonardo que América se fue? ¿Me está siguiendo? La idea me pone la piel de gallina, pero no en el mal sentido, y eso es lo que más me asusta. Debería estar furiosa, bloqueando su número, quizás hasta llamando a la policía. Pero en lugar de eso, estoy sentada en la ventana de este hostal cutre, con vistas a una callejuela de la Gran Vía, sintiendo un cosquilleo que no quiero