Capítulo 2
No puedo creer que América me haya dejado tirada. Anoche, en ese bar pijo del barrio de Salamanca, se fue con un tipo que conoció en cinco minutos. “Vive un poco, Camila”, me dijo antes de desaparecer con su sonrisa tonta y un chico que parecía modelo de anuncio. Y yo, como idiota, me quedé sola, con mi copa de vino barato y un vestido que pedí prestado. Al menos hasta que él se acercó. Ese hombre alto, con traje impecable y una mirada que me hizo olvidar cómo respirar. No sé qué me