Acabo de aceptar lo impensable: tener a su hijo, un acuerdo que me aterra, pero que es la única forma de salvar a mi madre. Mis lágrimas mojan su chaqueta mientras lo abrazo de nuevo, fuerte, como si pudiera aferrarme a algo sólido en este caos. Pero mi mente no para, y el peso de mi decisión me aplasta.
—Leonardo —susurro, apartándome, limpiándome las lágrimas con el dorso de la mano—. Necesito ver el contrato. Quiero saber exactamente qué estoy aceptando. Leerlo todo, saber a lo que me enfren