El aire de la noche madrileña me golpea cuando salimos del Restaurante Botín, pero no enfría la tensión que vibra entre nosotros. Camila está a mi lado, con ese vestido negro que abraza sus curvas y me hace apretar los puños para no tocarla.
Guardó el sobre como si se tratara de un artefacto explosivo. Pero esta noche no se trata de contratos ni legados. Esta noche es sobre ella, sobre lo que despierta en mí, algo que no controlo y que deseo poseer.
El Mercedes negro espera en la calle, y mi ch