Me miro en el espejo del baño del Hostal Luz, ajustándome el vestido negro que América insistió en que trajera, ahora ve que sí servirá para algo.
Es sencillo, pero me queda bien, y esta noche necesito sentirme segura, no dejaré que me intimide. No sé por qué accedí a esta cena con Leonardo Valdés. Tal vez porque estoy sola en Madrid, aburrida, con demasiado tiempo para pensar y él es muy insistente como para planteármelo y yo aceptar.
O tal vez porque, aunque me asusta lo que sabe de mí, hay a