Ariadna soltó un jadeo, la espalda arqueándose contra el colchón, las manos subiendo a su cabello para tirar de él, el calor disparándosele por el pecho.
—He soñado con esto demasiado tiempo, Ari —murmuró él contra su piel, la voz ronca mientras su lengua trazaba círculos húmedos, primero en un seno, luego en el otro, dejando un rastro brillante que la hizo estremecer.
Ella no respondió con palabras, solo lo atrajo más cerca, las piernas abriéndose para dejarlo encajar entre sus muslos. Él bajó