Era un día caluroso sobre la Costa Blanca, tiñendo el mar de un azul intenso mientras Ariadna ajustaba las mantas de Eric y Marc en el coche doble.
Los niños tenían dos meses, sus rostros redondos y sus cabellos asomando bajo las capuchas. Camila estaba en la puerta de la casa, una maleta pequeña en la mano, mientras Ricardo cargaba el auto con las cosas de los bebés.
Ariadna respiró hondo, el aire salado llenándole los pulmones, y miró a sus hijos llena de orgullo y amor.
Hoy viajarían a Valtr