Maximiliano no había salido de su habitación en toda la tarde.
Se sentía atrapado en sus propios pensamientos, enredado en la confusión de lo que había sucedido con Ariadna. Sabía que había manejado la situación de la peor manera posible, que había dejado que su temperamento lo dominara y que, en lugar de aclarar las cosas, solo había empeorado todo. Ahora no sabía qué hacer con ella, con ellos.
No podía verla a la cara.
Cada vez que pensaba en Ariadna, recordaba la forma en que la había arr