— Desde la primera vez que te vi lo supe: te amaría por siempre. Estaba indefensa ante tus ojos vivaces y tú sonrisa. Fui tan feliz el día que me acorralaste en aquella esquina, le tomaste por la cintura y me besaste… creí que mi corazón iba a salir disparado de mi pecho.
Dairon observaba como le hablaba con dulzura la mujer más hermosa que jamás había visto. Estaban juntos entre las sábanas, la luz cálida se colaba por las cortinas y el aroma a incienso de canela inundaba la habitación.
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