Las manos callosas tomaron por costumbre acariciar su cuello cada vez que pasaba cerca de ella. El resto de los empleados volvían la vista al ruego de sus ojos silentes, y la casa que tanto luchaba por mantener se convirtió en su último refugio.
— Dai.. — La primera palabra de su hijo llegó una calurosa noche de verano.
La inmensa alegría que la envolvió fue solo comparable al dolor profundo que le produjo aquella sílaba.
— Dai... — Repitió Felix con una sonrisa en los labios.
Mara lo abraz