— ¿ Qué hace usted aquí, Señor Vásquez. — Mara se atrincheró detrás de la puerta, observado a través de la rendija.
El hombre miraba al suelo, con las manos a la espalda.
— Ábreme la puerta pequeña. Hablemos sobre esto.
— Váyase de aquí ahora mismo.
— Mara...soy tu jefe, tienes que hacer lo que digo.
— No tiene derecho alguno a presentarse en mi casa, mucho menos a estas horas, además ya no trabajo para usted. Le he enviado una carta informando mi dimisión.
— Precisamente de eso quie