Abrió la puerta de la cabaña desprendiéndose del abrigo. Lo soltó en la silla y se dejó caer en ella resoplando con pesadez.
Miraba con atención sus zapatos cubiertos de barro cuando escuchó un forcejeo extraño en una de las puertas. Caminó hacia el sonido convencido de que el estúpido estaba dando problemas de nuevo, pero lo que encontró desafió a su imaginación.
Las puertas atadas una con otra se zarandeaban mientras el doctor murmuraba desde adentro frases incomprensibles que denotaban cier