— Por suerte las cámaras me avisaron que estabas entrando.
Mara lo miró perpleja.
— No eres muy inteligente, eso me gusta. ¿ Cariño quien crees que dejó la puerta abierta para ti?
Mara trago en seco .
—¡ Vamos nena, abre esta puerta! Quiero tocarte.
Edgar frunció el ceno golpeando con el puño cerrado el cristal de la ventanilla.
— Lo siento, lo siento —. Murmuraba Mara con voz temblorosa .
En la nuca podía sentir el calor de la respiración de Vásquez, su olor rancio a alcohol, el toque ásp