CAPÍTULO 97

Llegué al jardín, Agustín me esperaba con un traje elegante. A su lado tenía una mesa con un par de platos, un par de velas en el centro, una botella de vino y un par de copas.

Puse mi mejor sonrisa y caminé hacia la mesa. —Veo que te esforzaste —mencioné. Agustín sacó una de las sillas y señaló para que me sentara.

—Me esfuerzo cuando algo es importante —mencionó, sentándose frente a mi.

—Todo te quedó… Bien.

—¿Bien? Merezco más crédito por mi esfuerzo.

—Está hermoso todo.

—Eso está mejor. —A
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