Llegué al jardín, Agustín me esperaba con un traje elegante. A su lado tenía una mesa con un par de platos, un par de velas en el centro, una botella de vino y un par de copas.
Puse mi mejor sonrisa y caminé hacia la mesa. —Veo que te esforzaste —mencioné. Agustín sacó una de las sillas y señaló para que me sentara.
—Me esfuerzo cuando algo es importante —mencionó, sentándose frente a mi.
—Todo te quedó… Bien.
—¿Bien? Merezco más crédito por mi esfuerzo.
—Está hermoso todo.
—Eso está mejor. —A