¡Pam! ¡Pam!
—¡Maldita! ¿Por qué hiciste eso?
El arma que tenía en mi mano había lanzado dos disparos, pero no en dirección de Damián sino de Agustín. Uno de los disparos dio en su pierna derecha.
Damián abrió sus ojos, quien los había cerrado al escuchar los disparos. Me vió y después se dirigió hacia Agustín. Estaba sorprendido. Corrió hacia él y lo empujó hacia la pared, presionando con su rodilla en la herida de la bala.
—¡Dile la verdad! —Espetó furioso Damián.
—Ya dije la verdad. —Dami